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Por qué tu web no convierte (y el diseño no tiene la culpa)

#Conversión#Rendimiento#UX#Arquitectura
Por qué tu web no convierte (y el diseño no tiene la culpa)

Te gastas una pasta en campañas de captación, consigues que la gente haga clic y, cuando llegan a tu web, nadie pasa por caja. La reacción instintiva en casi cualquier empresa es tocar lo visual: cambiar el diseño, probar otro color en el botón de compra o darle una vuelta al copy.

Vuelves a lanzar la campaña. El resultado es exactamente el mismo: cero conversiones y el presupuesto de marketing quemado.

El problema no es el diseño. El problema es que tu web tiene barreras técnicas invisibles que impiden la venta. No están en la pantalla, están en la sala de máquinas, en lo que pasa (o no pasa) durante los segundos de carga.

Los tres segundos que te cuestan el dinero

Más del 70% del tráfico pagado te va a llegar desde un teléfono móvil. En ese entorno, la paciencia del usuario dura, con suerte, tres segundos. Si tu web no le ha enseñado lo que busca en ese tiempo, cierra la pestaña y se va a la competencia. Acabas de pagar por un clic para nada.

La realidad técnica de muchas empresas es que obligan al móvil del usuario a descargarse megas de JavaScript, imágenes sin optimizar y seis scripts distintos de tracking antes de renderizar la pantalla. El usuario solo ve un fondo blanco, se aburre y se va. Hay tiendas online facturando millones que tardan ocho segundos en ser interactivas bajo una red 4G real. Luego se preguntan por qué la tasa de rebote es un drama.

El formulario infinito

Ocho campos: nombre, apellidos, email, teléfono, empresa, cargo, cómo nos conociste y tu mensaje.

En un monitor de 27 pulgadas ya da pereza. En un móvil, donde el teclado te come media pantalla y el autocorrector te cambia cada palabra, es un suicidio comercial. Cada campo extra que pides fulmina tu tasa de conversión.

Reducir los formularios a lo estrictamente necesario (nombre, email y a correr) dispara la captación de leads. Pero la inmensa mayoría prefiere seguir pidiendo el DNI y el código postal como si el tiempo de su cliente potencial no valiera nada.

Carruseles y escondites

Si tu propuesta de valor, el precio o el botón principal están metidos dentro de un carrusel de imágenes, ocultos en un acordeón o detrás de un “Leer más”, asume que para el usuario de móvil no existen.

La gente hace scroll vertical rápido, no se para a buscar dónde has escondido la oferta. Si en el primer pantallazo no queda bastante claro qué vendes y cómo se compra, nadie va a hacer el esfuerzo de averiguarlo.

Formulario extenso en móvil que obliga al usuario a rellenar múltiples campos con el teclado ocupando media pantalla

Antes de pagarle a una agencia para que te haga un rediseño completo, haz la prueba del algodón. Coge un móvil que no sea de ultimísima generación, quítale el WiFi, entra en tu web usando datos móviles y cronometra cuánto tardas en poder interactuar con ella.

Cada segundo extra de carga, cada mega innecesario de código y cada campo inútil en el formulario te están costando dinero real. El diseño importa, pero el rendimiento técnico es el que cierra la venta.