← Volver al Blog
Engineering

El mito del 'luego lo arreglamos': Por qué el después nunca llega

#Estrategia#Deuda Técnica#Gestión
El mito del 'luego lo arreglamos': Por qué el después nunca llega

En algún momento de todo proyecto de desarrollo alguien suelta la frase: “ahora déjalo así, que ya lo arreglaremos más adelante”. En el momento suena razonable. Hay presión por el lanzamiento, el cliente espera y el equipo arrastra semanas de carga de trabajo. Total, si la funcionalidad cumple en pantalla, parece que el objetivo está conseguido.

Lo que ocurre después es una constante en el sector. Cuando termina un hito, llega el siguiente con sus propias urgencias. Y luego otro. Ese ajuste pendiente se va postergando porque el día a día siempre devora los planes de optimización. Al cabo de un año, la lista de cosas que “había que solucionar” es inmanejable y ninguna se ha tocado.

La bola de nieve de los parches

Cada vez que se da por buena una solución deficiente y se construye software nuevo encima, el problema se multiplica. Lo que inicialmente era un desvío de dos horas se convierte en los cimientos de tres funcionalidades nuevas. Con el tiempo, el sistema se transforma en una estructura inestable que nadie se atreve a modificar por miedo a provocar un efecto dominó de fallos en cadena.

Una torre de Jenga inestable con bloques agrietados, representando la acumulación de deuda técnica.

Lo que se podría haber solucionado en una tarde acaba exigiendo semanas de dedicación. Y no es porque el software se degrade por sí solo, sino porque acumular soluciones temporales vuelve prohibitivo el coste de cualquier cambio. Lo que antes requería un ajuste simple, ahora exige una intervención quirúrgica en la arquitectura.

El coste real de la postergación

No hay atajos en esto. Cuando una parte del sistema está mal diseñada y su resolución es viable, la decisión financiera y técnica más sensata es subsanarla antes de seguir construyendo. No en la siguiente fase, no cuando el volumen de trabajo disminuya. En ese mismo instante.

La próxima vez que en una reunión se plantee la opción de “ya lo arreglaremos luego”, la respuesta debe ser una fecha concreta en el calendario. Si esa fecha no existe, lo que se está aprobando no es un ahorro de tiempo, sino un crédito con intereses altísimos que terminará penalizando la viabilidad del producto.